Antes de que existiera ChatGPT, antes de que alguien pronunciara la palabra "deep learning", un psicólogo de Nueva York llamado Frank Rosenblatt se sentó frente a una computadora del tamaño de una habitación y le hizo una pregunta radical: ¿puede una máquina aprender sola? En 1957, en el laboratorio aeronáutico de Cornell en Buffalo, simuló en una IBM 704 algo que llamó el perceptrón. No era software elegante ni un algoritmo misterioso: era una idea nacida de la biología, de cómo las neuronas del cerebro se conectan y se ajustan con la experiencia. La máquina distinguía cartas marcadas a la izquierda de cartas marcadas a la derecha, y mejoraba sola con cada intento. Era 1957. Nadie sabía todavía lo que estaban viendo.
En 1958 publicó su paper fundacional: "The Perceptron: A Probabilistic Model for Information Storage and Organization in the Brain", en la revista Psychological Review. Y en 1960 construyó algo físico: el Mark I Perceptron, una máquina de la que se decía que era la primera computadora capaz de aprender nuevas habilidades por prueba y error usando una red que imitaba el pensamiento humano. El Mark I hoy descansa en el Smithsonian Institution, como reliquia de lo que vino antes de todo. En 1962 reunió sus ideas en un libro, "Principles of Neurodynamics", que todavía se cita.
Su carrera no fue una línea recta de éxitos. Las redes neuronales cayeron en desgracia en los años 70, después de que Minsky y Papert demostraron las limitaciones del perceptrón simple en su libro "Perceptrons" (1969). Pero Rosenblatt no vivió para ver ese invierno: murió el 11 de julio de 1971, en un accidente de bote en la bahía de Chesapeake, el mismo día de su cumpleaños número 43. El Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos (IEEE) lo honró en 2004 creando el Premio Frank Rosenblatt, que se entrega cada año a quien hace avanzar los sistemas de aprendizaje inspirados en biología.
Lo que me mueve de Frank Rosenblatt no es solo lo que inventó, sino cuándo lo hizo y sin saber el tamaño de lo que estaba plantando. Creyó que el cerebro podía ser un modelo para las máquinas en una época en que casi todo el mundo pensaba que la inteligencia era solo lógica, reglas y símbolos. Murió joven, sin ver la revolución que encendió. Cada vez que una red neuronal reconoce tu voz, tu cara o el texto que le escribes, hay una chispa de ese perceptrón de 1957 funcionando en algún lugar por debajo.
Enlaces oficiales de Frank Rosenblatt, El hombre que le enseñó a aprender a una máquina
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