Hay personas que construyen la IA y personas que la critican desde afuera. Kate Crawford hace algo más incómodo: la estudia por dentro, con datos, con herramientas académicas y con la misma rigurosidad que una científica, pero haciendo preguntas que el sector tecnológico prefería evitar. Nacida en Australia en 1974, es investigadora, escritora y profesora, y desde hace más de dos décadas su trabajo se dedica a una sola pregunta de fondo: ¿qué sistemas de poder sostienen a la inteligencia artificial?
El momento que la puso en el mapa global llegó en 2021 con "Atlas of AI: Power, Politics and the Planetary Costs of Artificial Intelligence" (Yale University Press). El libro no habla de robots ni de apocalipsis, sino de algo más concreto y más urgente: los minerales que se extraen para fabricar los chips, los trabajadores de las plataformas de anotación de datos que ganan centavos por hora en países del sur global, la energía que consumen los centros de datos, y cómo todo eso forma parte de un sistema que normalmente se presenta como limpio y virtual. "Atlas of AI" fue elegido libro del año por el Financial Times, ganó tres premios internacionales y se tradujo a doce idiomas. No es un texto técnico: es un mapa político de algo que creíamos entender.
Antes de ese libro, Crawford ya había dejado huella. En 2017 cofundó el AI Now Institute en la Universidad de Nueva York, el primer centro de investigación dedicado exclusivamente a los impactos sociales de la inteligencia artificial, incluyendo el sesgo, la vigilancia y los derechos laborales. También cofundó el proyecto FATE (Fairness, Accountability, Transparency, and Ethics in AI) en Microsoft Research, donde es investigadora principal sénior. En 2023 fue nombrada entre las 100 personas más influyentes en IA por la revista TIME. Hoy es profesora de investigación en USC Annenberg y ocupa la primera cátedra visitante de IA y justicia en la École Normale Supérieure de París.
Lo que me parece más valioso de Crawford no es que sea crítica, sino que es específica. No dice "la IA es mala": dice "aquí está la mina en el Congo que produce el cobalto para tu teléfono, aquí está el trabajador en Kenia que revisa contenido violento para entrenar el modelo". Esa especificidad es la que hace que su trabajo sea difícil de ignorar, incluso para quienes no están de acuerdo con ella. Si usas IA todos los días (y probablemente sí), saber de dónde viene esa IA, el costo real de cada respuesta, es una forma de usar la herramienta con los ojos abiertos. Y eso, precisamente, es lo que Crawford lleva dos décadas tratando de darnos.
Enlaces oficiales de Kate Crawford, La mujer que mapeó el costo humano de la IA
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