Hay pocas personas que puedan decir que estuvieron en dos de los momentos que cambiaron la historia de la inteligencia artificial. Ilya Sutskever es una de ellas. Nacido en Rusia en 1986, creció en Israel y llegó a Canadá a los 16 años para estudiar en la Universidad de Toronto, donde cayó bajo el ala de Geoffrey Hinton, el padrino del aprendizaje profundo. Esa fue su primera chispa: entender que las redes neuronales, ignoradas por casi todo el campo, tenían algo que los demás no veían todavía.
En 2012, junto a Hinton y a Alex Krizhevsky, presentó AlexNet: una red convolucional profunda que arrasó en la competencia ImageNet, reduciendo el margen de error a la mitad del mejor resultado anterior. No fue solo ganar un concurso, fue demostrar, con datos, que el aprendizaje profundo era real. Ese paper es uno de los más citados de la historia de la computación. A partir de ahí, Sutskever pasó a Google Brain, y en 2015 dejó todo para co-fundar OpenAI como científico jefe, convencido de que la IA de propósito general era el problema más importante que existía, y que había que construirla de forma abierta y responsable.
En OpenAI fue el arquitecto silencioso de la apuesta por el escalado: la idea de que más datos, más cómputo y modelos más grandes producen inteligencia cualitativamente mejor. Esa intuición, que muchos cuestionaron, fue la columna vertebral de GPT-2, GPT-3 y eventualmente ChatGPT. También contribuyó a DALL-E, CLIP y a los modelos de razonamiento que hoy nos sorprenden. Su lista de premios incluye el NeurIPS Test of Time Award tres años consecutivos (2022, 2023 y 2024). En mayo de 2024, anunció que dejaba OpenAI para trabajar en algo que describió como "muy importante a nivel personal". En junio de 2024 llegó la respuesta: Safe Superintelligence Inc. (SSI), una empresa cofundada con Daniel Gross y Daniel Levy, con una misión singular: construir superinteligencia segura sin distracciones de productos ni presión comercial.
La lección que me llevo de Ilya Sutskever es que el verdadero investigador no solo construye: también se pregunta si debería. Apostó por escalar la IA cuando era una idea radical, la escaló hasta ChatGPT, y luego se fue a trabajar en cómo hacerlo bien. No hay contradicción en eso, hay coherencia. Cada vez que le pides a Claude que razone paso a paso o que te explique algo complejo, estás usando una herramienta moldeada, en parte, por esa convicción de que la inteligencia artificial puede ser enorme y también responsable.
Enlaces oficiales de Ilya Sutskever, El cerebro que escaló la IA
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